Una vez más, el Madrid rema contracorriente para remontar después de tirar a la basura toda una primera parte ante el Athletic

El Real Madrid se quedó fuera de la Supercopa de España a la primera de cambio tras perder 1-2 ante el Athletic en La Rosaleda. Lucas Vázquez regaló un balón en campo propio para propiciar el primero de los de Marcelino y el propio lateral derecho del Madrid cometió el penalti de 0-2. Dos errores que condenaron a un equipo que tampoco hizo apenas nada ofensivamente en toda la primera mitad. Si no creas nada en ataque y además regalas goles, te sale la primera parte de hoy de los de Zidane.

Ya pasó en Champions. Tras ir tres goles abajo ante el Shakhtar, el Madrid marcó dos goles en los segundos 45 minutos que llegaron demasiado tarde. Es como el niño que tiene deberes y los deja para el último momento, «ya lo haré mañana», «ya lo haré en la segunda parte» diría el Madrid. Pasan los días y el niño sigue sin hacer los deberes hasta que se ve sin opciones de entregarlos a tiempo. Ahí vienen las prisas. Ahí es cuando se empieza a hacer un trabajo rápida y malamente con tal de entregarlo a la hora. A veces funciona para sacar un cinco raspado, como le pasó al Madrid tras empatar al Borussia sobre la bocina, pero la mayoría de veces pagas por dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

Ese trabajo con prisas de última hora fue la segunda parte del Madrid. No se puede decir que los chicos no lo intentaran hasta el final. Pero la renta de dos goles que poseía el Athletic hacían muy complicado sacar ese ansiado cinco raspado para forzar la prórroga. Juego directo para perder el menor tiempo posible que acabó por romper el partido. Una situación que favorecía al Athletic, pues a punto estuvo de sentenciar el encuentro si no fuera por las paradas salvadoras Courtois.

Los palos y los goles en fuera de juego terminaron de condenar a un Madrid que no mereció el aprobado. Y no lo mereció por haber dejado toda la lucha y la garra para cuando ya era demasiado tarde. El conjunto merengue es como el niño al que regaña su madre por dejar todos los deberes para el último momento al grito de: «Te lo dije. Ahora no cenas hasta que los termines». El Madrid no se quedará sin cena, pero igual se queda con un año en blanco si no se conciencia de que los deberes hay que hacerlos desde que el árbitro señala el inicio de cada partido.

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