Es casi de acción – reacción: si piensas en Ronaldo Nazário, piensas en gol, en Top 10 de la historia y en una calidad imponderable. El jugador brasileño fue ídolo y líder de toda una generación que se enamoró profundamente de él por un talento solo comparado en aquel momento a un tal Pelé.

Ganó dos mundiales, fue el «9» del Real Madrid, dos lesiones de rodilla truncaron su carrera y también jugó una temporada en el FC Barcelona. Algunos olvidan esta efeméride, pero en la Ciudad Condal ese año supo a media carrera.

Procedente del PSV Eindhoven, en 1996 llegó y en 1997 se fue. En medio, Casi 50 goles y «highlights» espectaculares que ya son historia de este deporte. Un año que demostró que no fue un gran jugador, si no un torpedo que dejó perplejo al mundo fútbol.

Llegada del PSV: Un equipo en reconstrucción (1996)

La llegada de Ronaldo Nazário coincidió con tiempos bruscos en Barcelona. Johann Cruyff, líder espiritual del éxito de los últimos años en Can Barça, dejaba el banquillo tras 8 años tras un desgaste notorio de su Dream Team.

Por otra parte, llegaba un serial de jugadores que acabarían realizando una enorme temporada colectiva: A parte del mencionado Ronaldo, volvía Stoickhov; se fichaban a Luis Enrique, Laurent Blanc y Vítor Baia, y grandes jugadores como Figo, Guardiola y Bakero se quedaban en Can Barça.

fuente: golesmagicos

Las 2500 millones de las antiguas pesetas desembolsadas por un joven Ronaldo (de tan solo 20 años) tras un breve pero exitoso periplo en el PSV Eindhoven eran la guinda de un pastel efímero y delicioso.

Además de la estelar cifra, había un valor añadido imponderable: El hecho que Romário, su precedente directo, hiciera el mismo puente aéreo muy exitosamente entre Eindhoven y Barcelona, pesaba considerablemente en el imaginario del hincha y la prensa.

Al ser el fichaje más caro del momento y «el sucesor» de Romário, se esperaba del joven Nazário que fuera decisivo. Lo que nadie esperaba es que acabase siendo, solo una temporada más tarde, insustituible a todas miras.

Temporada 1996/97: Ronaldo explota bajo la dirección de Bobby Robson

La temporada se antojaba difícil por la salida de Cruyff. Toda una filosofía hacía el éxodo del Camp Nou y el equipo blaugrana se olía un año de transición por ello. Nada más lejos de la realidad.

Tras la salida del mentor orange, aterrizaba en su lugar el obtuso Bobby Robson. El entrenador inglés llegaba a España sin apenas controlar el castellano, y se ponía en frente de una nave blaugrana límbica e inquieta. Una mala combinación en primera instancia.

Pero como si la ley de opuestos fuera salomónica e indiscutible, la fórmula acabó funcionando a la perfección. El Barça acabó ganando tres títulos: la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Recopa de Europa, además de quedar segundo en liga detrás del legendario Atlético del doblete.

El equipo funcionaba: Figo se ergía como asistente principal, Guardiola calibraba la medular y jugadores como De La Peña, Couto, Bahía o Luis Enrique hacían funcionar escuadra a las mil maravillas.

Guardiola mandaba, Ronaldo finalizaba. fuente: FCBarcelona

Aún así, el absoluto rey ese año era brasileño, recién fichado y con un futuro brillante por delante: Ronaldo Nazário, «el sucesor», conseguía tranformarse en la joya suprema del planeta fútbol. 47 goles y 9 asistencias en 49 partidos rompieron esquemas, pero también una relación. El Barça vivía en primera persona las mieles efímeras de lo superior.

Sus agentes, en busca de un contrato suculento y lleno de primas, acabaron alejando a «R9» del equipo culé solo un año después de su incorporación. El Inter, su destino. Pero lo que era innegable es que quizás, su mejor versión se vio en la Ciudad Condal.

Anatomía de un extraterrestre: las locuras de Ronaldo

Pese solo haber vestido la zamarra azulgrana durante una única temporada, Ronaldo dio la sensación de haber estado toda una vida. Su espectacular amalgama de goles desorbitados y jugadas inverosímiles llenaron de fantasía las graderías del Camp Nou, dejando a todo espectador una huella imborrable en su cabeza.

Ronaldo Nazario da Lima caracterizó su etapa azulgrana por dos grandes factores: potencia y determinación. El oriundo de Rio de Janeiro gozaba de un estado físico privilegiado, que lo transformaba en un jugador hábil e infranqueable a partes iguales. La falta o sobra de metros no eran diferenciales para su juego: controlaba los espacios de manera prodigiosa.

El Gol Extraplanetario De Ronaldo 'O Fenomeno' Al Valencia
Su gol contra el Valencia, donde «atraviesa» a dos defensores, es uno de los más impresionantes que ha visto el fútbol en los últimos 30 años / fuente: golesmagicos

Su zancada y fuerza, más propia de un guepardo que de un humano, le permitía poder apartar un balón un metro de su pie sin riesgo a perderlo. Antes tenías que pasar por encima de él. Y normalmente, eso solía ser al revés. A parte de su calidad como portento de la naturaleza, también era indudable su talento al nivel de los más grandes que han tocado jamás un balón. Su capacidad para poder definir desde cualquier espacio, ángulo o contexto era insultante.

Dejaba tras sus disparos una marca meteorizada e inalcanzable, que hacía inútil cualquier estirada del guardameta. Prueba de ello son sus goles al Compostela o al Valencia, donde absolutamente nadie le podía robar el balón o directamente el mismo Ronaldo pasa en medio de dos defensores como si fuera un superhéroe.

Además, también mostró una buena capacidad de pase. Sus 9 asistencias lo colocaron como uno de los mejores asistentes del equipo, acabando de redondear así su grandeza como jugador.

Sus lesiones de rodilla años después en el Inter de Milán hundieron al jugador, pero no lo mataron: ganó el Mundial en 2002 y se transformó en el kíller del Santiago Bernabéu. Y pese ese espectacular mérito, nunca volvió al nivel que mostró en Barcelona. Inigualable.

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