Una desgraciada lesión el noviembre de 1969 en el estadio del Sabadell arruinó la carrera futbolística del que entonces era una de las mayores promesas del Athletic Club y del fútbol español

Son varios los entrenadores que logran triunfar luego de haber vivido una exitosa carrera previamente como futbolistas, como es el caso de Josep Guardiola. O de lo contrario, los hay quienes lograr alcanzar la cima de los banquillos a pesar de no haber sido estrellas del deporte en su práctica, como lo es el que fuera el acérrimo rival en su día del entrenador del City, José Mourinho. Sin embargo, existe una tercera pata en esta mesa la cual la componen aquellos que se perfilaban como claros aspirantes a dominar mediante el juego, pero cuyo sueño les fue desgraciadamente apeado a manos de las lesiones. Este fue el caso de nuestro protagonista de hoy.

El Rubio de Barakaldo

Era la década de los sesenta. El fútbol español miraba asombrado hacia el centro de la península ante la irrupción de la nueva generación madridista denominada “yé-yé” que había conseguido hacer olvidar la legendaria escuadra encabezada por Di Stéfano. O al menos, hacer menos dolorosa su retirada. Mientras tanto, al norte de la misma, más concretamente en la provincia vizcaína, las comenzaba a acaparar un menudo pero apuesto baracaldés de cabello rubio. Su nombre era Javier Clemente Lázaro, nacido en un lugar de su innegable Barakaldo un 12 de marzo de 1950. Criado, también futbolísticamente, en el colegio de Nuestra Señora del Carmen de los Hermanos de La Salle, su talento no tardó en deslumbrar a propios y extraños. Especialmente a estos primeros, pues en edad juvenil entró a formar parte del Barakaldo CF de la mencionada categoría.

Javier Clemente, ya como entrenador. Fuente: marca.com

 

El club de la ciudad de sus amores, qué más podría pedirse. Pues efectivamente, antes de encontrar la respuesta, desde Lezama comenzaron a llamar a la puerta del joven rubio con el fin de reclutarlo para sus categorías inferiores. No en vano, desde el seno del Athletic Club eran muy conscientes del potencial de aquel centrocampista. Su exquisita zurda, su técnica y su buen trato de balón le postulaban como una de las mayores promesas del panorama nacional, por lo que veían en él un claro aspirante a dominar un centro del campo huérfano desde la ruptura de la línea formada por Mauri y Maguregui. Sin duda, confiaban en que se convirtiese en el líder de un Athletic que poco a poco comenzaba a perder el gen ganador.

Llegada al Athletic Club como aspirante a rey león

La oferta no fue rechazada, y su salto al primer equipo fue prácticamente instantáneo. Aun teniendo todavía edad de juvenil, Clemente consumó su debut como rojiblanco en partido oficial el 18 de septiembre de 1968, con 18 años. El rival era nada más y nada menos que el Liverpool FC, al que derrotaron por 2-1 en una ronda de treintaidosavos de final de la UEFA.

Esa misma temporada, el Rubio de Barakaldo disputó 17 partidos en Liga con el equipo rojiblanco, en los que anotó cuatro goles. Además, en esa misma temporada comenzó a dejar huella su afán ganador, siendo participe del Athletic Club que volvió a levantar un título de Copa once años después.  Su víctima en la final fue el Elche CF, al que superaron gracias a un único gol tardío de Arieta II en el minuto 82. A los Iribar, Iñaki Sáez. Txetxu Rojo o Fider Uriarte de la época, se les comenzaba a unir un intrépido y menudo, pero muy talentoso jugador que desde la medular y con el diez en su dorso hacía funcionar el equipo entonces entrenado por Rafa Iriondo, otra leyenda rojiblanca, en el tramo final del curso.

Javier Clemente, como jugador del Athletic Club. Fuente: elpais.com

23 de noviembre de 1969, Nova Creu Alta

Todo parecía ir de lujo. La carrera de Clemente avanzaba a velocidad de crucero, y con ello, el Athletic comenzaba a asustar de nuevo. Incluso en la siguiente temporada, este dominio se vio reflejado en el campeonato doméstico, el cual comenzaron dominando con firmeza. No obstante, si bien dicen que el fútbol es el mejor reflejo de la vida, por algo debe de ser.

Era el 23 de noviembre del año 1969 cuando el Athletic Club pisó la Nova Creu Alta, con el objetivo claro de firmar una nueva victoria y consolidarse en la cima de la clasificación. De hecho, así lo hicieron, derrotando al CE Sabadell por 1-2. Sin embargo, pocos minutos antes del final, un duro percance que aparentemente no debió atraer mayor importancia se empeñó en marcar la carrera del protagonista de hoy, y por qué no decirlo, del propio Athletic Club. Una dura entrada del jugador arlequinado Ramón de Pablo Marañón sobre el tobillo de Javier Clemente dejó KO al diez del equipo vasco. Desde el banquillo el propio Fidel Uriarte le advirtió que saltase, pero el intento fue inútil. El jugador del equipo local, que casualmente había firmado un encuentro muy correcto, ya lo había cazado.

Javier Clemente, junto a Enrique Castro «Quini». Fuente: Twitter @JaviClemente_

Los primeros partes médicos fueron muy optimistas de cara a la reaparición del jugador en los terrenos de juego, estipulando un tiempo de baja de en torno a 2-3 semanas. Desgraciadamente, este duro proceso fue alargándose en demasía. Más aún después de conocerse su fractura de tibia y peroné.

Vueltas frustradas y un eterno paso por quirófano sin éxito

A pesar de ello, se empeñó en volver esa misma temporada, con el objetivo de ayudar al equipo en la recta final. Sin embargo, la baja de Clemente pesó demasiado en un equipo que terminó precipitándose hasta perder el título liguero tras no ser capaz de puntuar siquiera en sus dos últimos compromisos en Atocha y Mestalla.

En el siguiente curso volvió a lucir su cabellera rubia por los campos de LaLiga en hasta 12 ocasiones, pero ya nada era igual. De aquel rubio que deslumbraba incluso a rivales sin apenas llegar al 1,70 de altura solo quedaba un tipo a medio gas lastrado por aquel percance con Marañón.

Finalmente, después de varios intentos fallidos por volver y cinco operaciones, en 1975 Javier Clemente decidió colgar definitivamente las botas, oficializando su decisión en un partido homenaje en el que su equipo goleó por 7-1 al Borussia Monchengladbach. En este mismo encuentro, el ya ex jugador tan solo pudo despedirse de su querido público en ropa de calle y acompañado de un par de muletas. Se retiraba así la que era una de las mayores promesas del fútbol español de aquella época. Mientras tanto, San Mames quedaba desolado, viendo cómo la promesa que les devolvería el carácter ganador fracasaba de la manera más cruel e injusta que lo puede hacer un futbolista.

Javier Clemente, en el día de su partido homenaje. Fuente: elrevulsivo.com

Perdió una batalla, pero no la guerra

Sin embargo, aquel hombre, como decíamos, estaba llamado a devolver al Athletic Club a la gloria, sea como fuere. Y vaya si lo hizo. Desde el banquillo, el Rubio de Barakaldo impregnó su mentalidad ganadora en una plantilla de auténticos jabatos que, sin ser unos eruditos del buen manejo de balón, y con un estilo muy alejado del que caracterizó al Clemente jugador, llevaron al Athletic a ganar un título liguero en la temporada 1982/1983 27 años después, y a repetir la gesta un año más tarde con el añadido de la Copa, firmando así un doblete histórico que aún hace emocionar a los no tan veteranos seguidores del equipo. Por consiguiente, como sucedía entonces, al ser el vencedor de Liga y Copa, también les fue asignado el título de la Supercopa de España, primera en las vitrinas de los leones.  

Un legado inolvidable en San Mames

Después pasó por una infinidad de equipos, desde Atlético de Madrid hasta Olympique de Marsella, pasando por dos nuevas aventuras efímeras y no tan gloriosas en el Athletic o experiencias como seleccionador de España, Serbia, Camerún o Libia. Actualmente, a la edad de 71 años, es el seleccionador de la selección vasca de fútbol.

Eso sí, nadie puede discutir que su clímax lo alcanzó en esta primera etapa en el banquillo rojiblanco, la que fue también su primera vivencia como entrenador de élite. Con solo 33 años hizo campeón al Athletic Club y bicampeón con 34. Por edad, perfectamente podría haber pertenecido a ese grupo de jugadores, formando centro del campo junto a De Andrés o Urtubi. Por otra parte, gran parte de los testigos de aquella gesta e incluso componentes del propio vestuario no se atreverían a mencionar aquellos éxitos ignorando el trabajo de Clemente.

El Athletic Club, celebrando el título copero de 1984. Fuente: marca.com

Un tipo que fue capaz de transmitir su amor por los colores rojiblancos y el gen ganador propio del Athletic más añejo en los Dani, Liceranzu, Argote y compañía. Tal y como admite el propio Clemente, él hubiese deseado continuar jugando hasta los 34 años. Sin embargo, quién sabe si de haber sido así hubiese sido capaz de transmitir todo aquello que no pudo plasmar en el campo debido a su desgraciada lesión. Una incógnita a la que jamás encontraremos solución, pero que de cualquier manera dejó dos títulos de Liga, una Copa y una Supercopa en las vitrinas rojiblancas, y el nombre de Javier Clemente Lázaro en letras doradas en los pasillos de San Mames.

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