A pesar del varapalo sufrido el pasado sábado, el equipo rojiblanco tiene razones más que de sobra como para volver a levantarse e ilusionarse de cara a la final del próximo 17 de abril

Han pasado ya más de dos días desde que se consumó uno de los momentos más difíciles de digerir en la historia del Athletic Club para aquellos que sienten mínimamente su escudo. Estaba claro que la final ante el máximo rival iba a dejar un claro vencedor a costa de un rival muy tocado. En esta ocasión, fueron los bilbaínos quienes tuvieron que saborear el amargo sabor de la derrota, viendo escapar una nueva final de Copa por cuarta vez consecutiva, y ver a su vecino alzarla tras treinta y cuatro años de sequía.

Aun así, hay algo que dolió aún más al aficionado. No solo el qué, sino el cómo se perdió. El Athletic Club fue incapaz de hincarle el diente a una Real Sociedad que planteó a la perfección el duelo. Tras una primera parte muy pareja, los leones quedaron noqueados desde el principio de la segunda luego del penalti señalado y el gol posterior de Oyarzabal, que terminó siendo clave. Ni el equipo en conjunto ni individualmente se acercaron a su mejor versión, y los cambios no surgieron su efecto. A consecuencia de ello, se despidieron de La Cartuja con un nuevo fracaso en una final. Encajando, además, una de las derrotas más dolorosas vividas en sus 122 años de historia.

3 de abril del 2021, un día para olvidar, pero del que aprender

Un equipo apático, sin reacción alguna e incapaz de intimidar mínimamente a su rival. Tras estas conclusiones, cualquiera podría pensar en ni siquiera ilusionarse ínfimamente de cara a la siguiente final que les espera en menos de dos semanas ante el Barcelona. Incluso algunos de los propios aficionados del club rojiblanco.

Marcelino García Toral consuela a un Unai López devastado tras la derrota. Fuente: athletic-club.eus

Por otra parte, no se ha de olvidar que los mismos que cayeron ante la Real Sociedad fueron quienes llevaron al equipo a ese escenario doce meses antes. Los mismos que le plantaron cara a Real Madrid y Barcelona en la Supercopa. Los mismos que volvieron a lograr la machada de entrar en una nueva final copera por segundo año consecutiva. Los mismos jugadores que, sin ser unos eruditos del fútbol más técnico ni prodigios de lo que algunos denominan el fútbol más preciosista, han conseguido nadar como nadie entre las aguas más turbias y salir más fuertes que nadie.

Estos jugadores son los mismos que han conseguido revitalizar un sentimiento Athletic que comenzaba a acusar signos de desgaste. Capaces de ilusionar y dar las mayores de las alegrías a su hinchada en los que probablemente estén siendo los peores meses de sus vidas.

«Porque aquel incierto día, elegimos vencer menos para ganar más»

Cuando sabes de dónde vienes, dónde estas y, sobre todo, a dónde quieres llegar todo resulta no tal vez más fácil, pero sí más satisfactorio. Bien lo saben los integrantes de esta plantilla que, prácticamente en su totalidad, han escuchado en Lezama desde que apenas sabían atarse las botas las gestas de generaciones anteriores y soñado con volver a vivirlas bajo el seno de un Athletic campeón.

Iñaki Williams, delantero del Athletic Club, vistiendo la camiseta del Athletic Club desde pequeño. Fuente: Twitter @Williaaams45

Una plantilla que siente como nadie las derrotas, y por ende, también las victorias. Una plantilla que ejemplifica a la perfección a su hinchada sobre el terreno de juego. Y es que perfectamente ellos podrían ser parte de aquellos que les acompañan partido tras partido desde el televisor.

Porque aquel día incierto elegimos vencer menos para ganar más. Porque esta generación ha sido capaz de lograr lo impensable y porque seguro que lo seguirá haciendo. Porque ha demostrado ser, como reza la canción, elegantes en la victoria, y chulos hasta para perder. Por ese CAPITÁN, con mayúsculas. Por ese Iker Muniain que no se acobardó tras su muestra de valentía inicial y no tuvo reparo en, aun con el alma partido por dentro, felicitar y aplaudir al rival hasta el último momento de la celebración.

Porque han sido muchas veces las que este equipo desde aquel 5 de mayo de 1984 ha tenido que morir en la orilla luego de protagonizar noches heroicas, aunque edulcoradas con las dos Supercopas obtenidas por el camino.

El Athletic Club tiene la oportunidad de dejar atrás este mal trago con una nueva final ante el FC Barcelona. Fuente: Twitter @AthleticClub

Por todos ellos

Por los caídos en Mestalla, Bucarest, en el Vicente Calderón y en el Camp Nou. Por la hinchada. Por “El Txapela”. Por Marcelo Bielsa. Por la hinchada. Por Julen Guerrero. Por Joseba Etxeberria. Por Iraola y todos aquellas leyendas rojiblancas que nunca pudieron levantar un título oficial. Por todos los aficionados que esperaron un año y se quedaron sin poder ver a su equipo en una nueva final y, sobre todo, por el coraje y la valentía que han demostrado hasta ahora, este grupo de jugadores se ha de levantar más fuertes que nunca para volver a La Cartuja, pero esta vez para salir por la puerta grande. Es cierto, actualmente el león está gravemente herido, pero no muerto, y jamás lo estará.

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