El Real Madrid jugó un partido de campeón contra el Liverpool y demostró que es un digno aspirante para gobernar Europa

Nunca hay que dar por muerto al Real Madrid. Es un gran error que se comete año tras año y que hace cerrar la boca a más de uno. Cuando piensas que el Madrid está acabado, te la lía. Cuando se duda de ellos, sacan su orgullo de vikingo. Ayer los de Zidane encarrilaron la eliminatoria jugando como un equipo. Con buen fútbol, con garra, con ambición. Un club que es «todo nervio y corazón» dice el himno del Madrid compuesto por José de Aguilar en 1953.

Ayer el equipo jugó como una máquina casi perfecta con los engranajes bien engrasados. Los pocos errores que se cometían, se solucionaban rápidamente. Sobre todo en la primera mitad, que fue una lección de buen fútbol a un Liverpool que acusó sus bajas sensibles en defensa. Pero recordemos que tres de los cuatro defensas titulares del Madrid también estaban de baja.

La intensa presión y el juego rápido, directo y con criterio hicieron del Liverpool un equipo sin ideas, que veía con impotencia como le pasaban por encima. Y es que ayer el Madrid recordó al de las tres Champions consecutivas por esta ambición generalizada. Diciendo esto, un servidor solo se puede imaginar lo que habría sido este partido en un Bernabéu lleno. La de ayer fue una de esas noches mágicas de Europa que perdió mucho por la ausencia de público.

Fue el día en el que un niño de 20 años volvió a demostrar su amor por el escudo. Vinicius corrió y luchó hasta vaciarse como hace siempre, pero esta vez llegó al Di Stefano con la puntería bien afinada. Kroos fue su mejor aliado. El alemán, en su línea. El pase de 40 metros que le mete a Vini es digno de estar en la galería del Louvre. Del control y de la definición del brasileño mejor ni hablamos. Puede ser el punto de inflexión de un chaval de 20 años que desprende humildad, desparpajo y, sobre todo, madridismo. Asensio tampoco faltó a su cita con el gol y celebró con una rabia contagiosa para todo merengue.

El orgullo guerrero del equipo ayer se vio en los minutos finales. Estaban todos fundidos después del partidazo que se habían marcado, pero había que defender el 3-1. Ese corte de Modric a Mané en el descuento era el último aliento de un vikingo que tenía que defender su portería con lo poco que le quedaba por dar. Esto es lo que hay pedirle a una leyenda como él. Entrega y sacrificio hasta que el cuerpo no pueda más.

En el horizonte espera el Barça en lo que puede ser una final por la liga. El Madrid llega fuerte, con confianza y ganas de levantar el título liguero. No todo es la Champions, hay que ir a por todo lo que queda. Este equipo ha demostrado que tiene la ambición y el buen fútbol que hace falta. También queda en el horizonte la vuelta en Anfield. No hay nada dicho. Hay que rematar la faena para volver a unas semifinales de Champions. Lección de vida, nunca des por muerto al Real Madrid.

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